
Me he alimentado de esperanzas, aún habiendo sufrido un sinfín de amargas desilusiones. He buscado tu cara en tantos rostros ajenos, tristes y poco serenos, pero no apareces. He sentido en el aire tu perfume, y al seguirlo sólo veo a gente que camina apresurada, pero ahí tampoco estás tú. He oído tu voz, y aunque trate de abstraerme del ruido cosmopolita, te pierdes entre las bocinas y millares de voces indescifrables. He probado tantos besos, bocas de mujeres oscuras, pero no he encontrado la luz que me lleve hacia tus labios. He sentido corazonadas que me advierten que estás cerca, pero caigo en razón que muchas veces puede ser mi imaginación. He visto tus huellas grabadas en la arena de una playa desierta, pero al llegar, el agua ya las ha borrado para siempre y no me queda ni un miserable rastro de ti. He dicho tantas palabras, pero siento que no vale la pena, que no puedes siquiera escuchar un mínimo, pero profundo e inminente suspiro de amor. He pensado en decirte que te he soñado por tantas noches, pero no me sirve ni la táctica ni la estrategia telepática de no tener que precisar de frases, porque en estos momentos sí me son indispensables. He hecho tanto, pero tan poco a la vez, que tienes que aparecerte de una vez para yo poder hacer más y no dejar que la vida me quite el regalo de tenerte cerca, abrazarte, mirarte y acariciarte, pero por sobre todas las cosas, amarte.






